El sentido ha muerto

Este 2026 va a ser el año del sinsentido.
En redes sociales vemos una ola de cosas sin ningún sentido.
Pero, ¿se puede vivir sin sentido?

Pienso que no.
Y que la vida sin sentido genera angustia.
La vida sin conexión.

Maquillarse, vestirse, iluminarse, grabarse, editarse, publicarse.
¿Para qué?

Hoy estamos en medio de una crisis de sentido y en una dictadura de la identidad por sobre todo.

Identidades cada vez más rígidas que buscan teñirlo todo.
Pero sin eso, sí: sin ningún sentido.
Identidades que buscan desesperadamente exhibirse en una orgía de libertad,
sin ningún sentido que la restrinja,
sin ningún sentido que la ordene.

Personalidades perfectamente armadas, producidas, pintadas, maquilladas, intervenidas.
Pero, ¿para qué?
Sin siquiera saber qué mueve, qué guía,
qué sentido empuja el camino.

Estamos en la era donde la identidad mató al sentido.
Un asesinato a sangre fría.
Un sebo implantado para complacer tu mirada en tu propio ombligo,
sin que te preguntes:
¿qué quiero?, ¿qué busca mi corazón?
¿Es acaso eso lo que quiero?

Que te decores.
Que te adornes.
Que te exhibas hasta el cansancio.

Un espectáculo de la personalidad.
Un show.
Una ironía.
Una burla.
Un chiste.

¿Solo para que te vean?
¿Solo para un like?
¿Solo para gustar o disgustar?

¿Y qué sentido tiene gustar o disgustar sin ningún propósito?

Rehenes de un consumo de imágenes vacías,
de máscaras frías,
sin expresión,
sin humanidad,
sin emoción,
sin conexión real.

Porque solo el sentido puede unir de verdad.
La identidad, no.

Por sí sola desconecta:
“yo me identifico como…”.
No importa con qué.
Lo importante es el yo.
El ego.

La identidad es un somnífero que nos da el ego
para quedarnos dormidos
y no escuchar al alma.
Y, por lo tanto, no escuchar el sentido.

Y cuando no hay sentido, morimos rápido:
a una máscara,
a una careta que se adueña de lo que somos.

Y decimos:
“Esto es lo que soy, esta es mi identidad”.

Pero no te olvides:
no sos eso.
Sos mucho más.

No mueras al engaño.
No mueras solo para separar, dividir,
para alejarte de aquello que te une al otro.

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